EL ENCANTO DE LAS CASAS VIEJAS

EL ENCANTO DE LAS CASAS VIEJAS:
Una reforma y una redecoración ideadas por la pintora y arquitecta Gabriela Goldstein y el arquitecto Gabriel Rollandi dieron como resultado un ámbito acogedor para el reposo y la creatividad. Un look que oscila entre los fifties y el country.

La primera imagen que uno recibe al entrar a esta casa -una típica casa con patio y galería, de esas que todavía pueden verse en algunos suburbios de Buenos Aires- es la de una galería que termina en un jardín de invierno, vidriado. En la pared interior, ritmo de puertas que dan acceso a un gran ambiente que articula un living íntimo, luego un living más amplio, un comedor y un acceso al entrepiso que se usa como escritorio y biblioteca. En un extremo, el que da a la calle, se instaló el atelier de la pintora Gabriela Goldstein; en el otro, el acceso al distribuidor que une toilet, cocina y jardín de invierno, convertido en playroom para las hijas pequeñas de los dueños de casa. De ese mismo distribuidor nace la escalera que conduce a los dormitorios y a otros ambientes privados.

Por cualquiera de las puertas que se acceda a ese gran espacio se tiene de inmediato una visión de conjunto dominada por la pared de ladrillo desnudo, la medianera, sobre la que se apoya la chimenea prefabricada, con ventilación de chapa galvanizada, sin pintar. El marco de la boca está hecho de pinotea recuperada de contramarcos de demolición y los mármoles que protegen el piso son de mármol rosso de Verona. recuperados de un juego de cómoda y mesas de luz antiguas. Sobre la repisa de la chimenea puede verse un cuadro de Osvaldo Monzo. Se trata de una propuesta no convencional, ya que al bastidor trapezoidal, alargado en sentido vertical, el artista le ha agregado dos patas de mueble que al sobresalir de los límites del cuadro propiamente dicho lo convierten en un “objeto-mueble-escultura”.
Frente a la chimenea, una mesa baja Saarinem, original, con mármol Arabescat-to.
Alrededor de esta mesita se mueve un espacio por donde se transita y también se descansa sobre un sofá en “L”, muy fifties, con funda a cuadros color lavanda. Sobre la pared de ladrillos, a un costado de la chimenea, serigrafías y dibujos de Gabriela Goldstein, la pintora dueña de la casa.
En el entrepiso, escritorio e informal biblioteca, se ve un cuadro de Osvaldo Monzo y en el fondo una obra sobre tela de la dueña de casa. El escritorio es también muy años ’50 y es de madera frutal. La lámpara fue hecha a partir de una figura africana primitiva.
En el comedor, con mesa y sillas de roble americano, lavadas, y ropero del mismo estilo, se destaca una pintura de Goldstein, abstracta, a manera de escritura secreta del boceto, como una grafía balbuceante, como un dibujo que precede a la pintura.
Sobre la pared de ladrillos, en relación con la mesa, en intenso diálogo visual con la obra antes mencionada, un cuadro de Osvaldo Monzo, blanco, abstracto, donde las formas geométricas están dadas por la diferencia de luz sobre las texturas y relieves logrados con arena y técnicas mixtas.
Con pocas modificaciones estructurales, esta vieja casa ha sido recuperada con acierto en el manejo de los espacios, lo cual permite la distensión visual necesaria para el buen vivir.

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